viernes, 29 de junio de 2012

Pero, ¿de dónde ha salido ese Elemental?

“Yo es que algunos sábados quedo a jugar a rol”, es una frase que no debes decir fuera del círculo de gente que también juega si no quieres que la gente reaccione de esta forma: “a qué dices que quedas?”, “uy, pero eso no es peligroso?”, “eso no será una secta de esas, no?”, así que procuras no decirla, pero a veces te sale el orgullo friki y entonces lo normal es añadir la coletilla de “pero no salgo de casa con cuchillos ni nada y sabemos distinguir la fantasía de la realidad bastante bien”, con lo que si quedaba alguna duda de que era raro, la disipas en el acto.

De este frikismo tiene la culpa mi hermano como ya comenté en el primer post. Yo era del grupo de los “normales”, les oía comentar que se habían quedado sin una oreja en un combate y que desde entonces tenían un -50 a todas las tiradas de escuchar y pensaba que eran gilipollas o algo así. Pero me enganché. 

“Prueba a ver si te gusta”, “todo se ve diferente cuando lo pruebas”, “el primer personaje es gratis y luego ya…”, y piensas “no, si yo controlo esto, si es una cosa ocasional, algún que otro sábado…” y cuando te quieres dar cuenta tienes una bolsa de dados, 7 personajes diferentes, te has currado el historial de cada uno de ellos hasta parecer Tolkien (porque el master te ha dicho que te dará puntos de experiencia) y quedas a jugar todos los sábados hasta las tantas de la madrugada.

Luego hay juegos y juegos, a nosotros como nos va lo heavy, jugamos a Rolemaster,  que hasta para irte a evacuar tienes que tirar los dados. Para qué, porqué… porque claro tienes que ir tú solo, y sin armadura, y no puedes llevar el escudo, y la espada está envainada… y entonces te sale un Elemental 15 niveles más que tú y te tienes que hacer ficha nueva.  Pero es que yo soy mago… pues entonces te hace un crítico de estrés, a tomar por el saco los conjuros y te tienes que hacer ficha nueva.

Porque además en nuestros mundos no existen los monstruos de nivel bajo o se esconden de los grandes mucho mejor que nosotros: las ratas son terribles, las hormigas gigantes, las serpientes espaciales, los conejitos asesinos, los orcos tienen nombre y apellidos… y si te caes en una trampa de foso tiras a ver si se te cae el caballo encima y te aplasta. Siempre cae encima.

Con el tiempo aprendes cosas como que es importante llevar un curandero o por lo menos saber Primeros Auxilios, aprender a hacer nudos, a trepar, a nadar, a maniobrar aturdido… y que no es tan importante saber diplomacia, vaciar bolsillos o predecir el tiempo aunque cuando las veas te seduzcan un montón. Y nunca, nunca, nunca te gastes una millonada en comprarte algo mágico o espectacular porque en el siguiente combate seguro que se te quema, se te rompe o te lo roban.

En fin, mañana partida, a ver si sobrevivimos, ya os contaré.


viernes, 22 de junio de 2012

Enajenaciones frikis transitorias

Ya comenté en la anterior entrada que soy multifriki, tengo muchas y variadas aficiones que, una vez se convierten en frikismos me acompañan en mi vida cotidiana. Tengo además las que llamo enajenaciones frikis transitorias, que sólo aparecen y permanecen conmigo en momentos más o menos puntuales y que quedan en estado latente hasta la siguiente oportunidad. Suelen estar asociadas por lo general a acontecimientos deportivos de mayor o menor duración: la temporada de Fórmula 1, las Olimpiadas, el Roland Garros, el Tour de Francia… aunque se podrían incluir otros acontecimientos como los Goya, los Oscar o Eurovisión que voy a dejar para otro día. Lo bueno de estos frikismos es que igual que vienen, se van, dejan poso eso sí para la siguiente ocasión de manifestarse pero son estacionales como la gripe. 

Dirá la gente que lo del deporte no es frikismo, que es sólo una afición y que les pasa a todos los que les gusta, y ahí está el quid de la cuestión, es que a mí no me gusta el deporte, no sigo el fútbol, ni el baloncesto, ni ninguno de los deportes mayoritario o minoritario que puedan programar en televisión y tampoco lo practico. Soy de las que opinan que el deporte es malo para la salud, hay un riesgo importante de acabar lesionado o sudando muchísimo o perdiendo unas calorías preciosas que luego tienes que recuperar con una cervecita y una tapa de jamón o patatas fritas. Siempre he estado de acuerdo con Gomaespuma:  “correr es de cobardes”.

Pero cuando llegan los Juegos Olímpicos me los veo todos, desde la ceremonia de inauguración a la de clausura, me da igual atletismo que gimnasia, natación que esgrima... me conozco los horarios de programación, los mejores deportistas, las marcas, las pruebas en las que compiten, su nacionalidad e incluso voy comentando adelantándome al comentarista especializado de televisión. 


Por cierto, también están incluidos los deportes de invierno, y esta amplitud te permite además de vez en cuando juntar varios de estos frikismos transitorios, como el año en que apareció en Eurovisión acompañando al cantante ruso el campeón de patinaje sobre hielo Evgeni Plushenko. Cuando nada más aparecer lo reconocí y expliqué quien era (con bastante detalle) tuve que oir voces de "¿pero cómo puedes saber quién es ese si no reconoces por la calle a tu compañero de mesa durante los 5 años en la universidad?" Pues yo qué sé, porque soy friki. Por cierto, ese año ganó Rusia.

Y la Fórmula 1? Pero vamos a ver, si las características técnicas que conozco de mi coche son el climatizador, el usb y el bluetooth, tuve que mirar las instrucciones para ver cómo se abría el capó,  si algún día pincho una rueda prefiero enfrentarme al armageddon y el único mantenimiento que le hago es echarle gasolina, cómo he llegado a saber más que Antonio Lobato. Porque estoy segura de que le quitas los papeles y el ordenador y no se sabe ni la mitad de los datos que dice, que para cuando te dice que ha habido un adelantamiento o la estrategia de los equipos para el pit stop, ya lo había comentado yo 2 vueltas antes.

Y así, me enajeno transitoriamente con casi cualquier deporte: tenis, ciclismo, baloncesto e incluso el fútbol, que es uno de los deportes que más odio y más me aburre, que es ver un campo de fútbol en televisión y quedarme dormida, pero si hay que ser de un equipo, soy del Atlético de Madrid, que para eso soy friki. 

Y dicho esto último, dejo de escribir que me voy a ver la Eurocopa

viernes, 15 de junio de 2012

De cómo llegas a ser friki y cómo tomas conciencia de ello

No sé si para comenzar debería hacer como en esos grupos de apoyo “anónimos” en los que lo primero que dices es tu nombre y presentarme: Hola, me llamo Merche y soy friki, … pero aficionada sólo, es decir, no me visto todavía como mis personajes favoritos, no acampo una semana antes de un estreno de cine, no espero hasta las 12 y 1 minuto de la noche para jugar a la nueva expansión de mi juego favorito, ni me conozco de memoria el mapa de la Tierra Media ni el nombre de todos los bichos que aparecen en La Guerra de las Galaxias, ni todos los nombres (reales y de su alter ego) de los personajes de la Marvel…de momento. No me da para tanto el tiempo y soy multifriki, creo que abarco demasiados campos del frikismo.


Yo he pensado toda mi vida que simplemente era aficionada a muchas cosas y que como te gusta el tema, vas aprendiendo cosillas. Pero claro, de repente te encuentras en una conversación normal con tus amigos y te sueltan: “joder, qué friki eres, cómo puedes saber esas cosas”, y entonces es cuando te das cuenta de que no es lo normal saber tanto del tema, que te has pasado, que te has convertido en friki.

Una ya lo va sospechando desde pequeñita. Echando la vista atrás pienso que siempre lo he sabido, lo he llevado dentro, pero tienes que tener valor y un día salir del armario y declararlo públicamente. Como sólo soy friki aficionada, no llego a salir en la cabalgata del Día del Orgullo Friki, pero lo soy de corazón.

Porque el friki, ¿nace o se hace?  Digo yo que si las primeras películas a las que pides que te lleven al cine a tus padres con 5 ó 6 años son Superman, Encuentros en la Tercera Fase y La Guerra de las Galaxias…algo tiene que haber en la genética. Y si cuando tus amigas leían los tebeos de Zipi y Zape o de Mortadelo o de Candy Candy, tú te encuentras absorbida por Spiderman, La Patrulla X y Los 4 fantásticos…sospechoso es un rato largo.

Y encima de mayor vas ampliando tu frikismo y mientras tus amigas ven comedias románticas de Meg Ryan, tú prefieres ver Con faldas y a lo loco (el primer DVD de mi casa se compró porque estaba descatalogada en VHS) o El Maquinista de la General o Metrópolis (la de Fritz Lang), y cuando tus amigas salen de compras, tú prefieres quedarte en casa leyendo novela histórica, porque donde esté Yo, Claudio… o aprendiendo de mitología u organizando tus viajes y los de tus amigos, y así llega un momento en el que nadie quiere jugar contigo (o más bien contra ti) al Trivial Pursuit y comienzas a pensar que tienes un problema.

¿Por qué vas a salir a hacer deporte o de paseo cuando todavía no sabes qué hacer con el pollo de plástico en el Monkey Island? ¿Por qué vas a quedar a tomar un helado si puedes construir un imperio en el Age of Empires? ¿Ir al gimnasio mejor que vivir una vida entera con Los Sims? Suma y sigue.

Bastante tarde ya me introduje en el mundo del rol, de esto tuvo la culpa mi hermano. Un día me invita a una partida porque estaba aburrida y no sabía qué hacer, y claro, como la cabra tira al monte, allá que me fui, pero hasta la cumbre. Y descubres Rolemaster y Dungeons & Dragons… y El Señor de los Anillos, y justo a tiempo para las películas. Pero, ¿qué podía esperar si con 12 años había pedido para Navidad el juego El Imperio Cobra?, pues tener una preciosa bolsa de dados d4, d6, d8, d10, d12 y d20 de un montón de colores.

En los últimos tiempos he ido aumentando mi esfera friki, ya hace un par de años que descubrí el Wow. Era la evolución lógica. Soy una elfa maga de fuego de la horda de nivel 85, y no es la única. Lo preocupante es que a juzgar por la publicidad Chuck Norris también juega, y eso sí que acojona.

Pero lo peor y es cuando realmente te das cuenta de hasta dónde has llegado en tu frikismo, es cuando sales de ver Los Vengadores y le comentas a un amigo al que también consideras bastante friki: “le he encontrado un fallo a la película”, “¿Cuál?”, te dice él, “pues que si el material más fuerte del universo es el martillo de Thor y el segundo el adamantium, del que sólo hay dos cosas hechas, a saber el escudo del Capitán América y el esqueleto de Lobezno, cuando luchan entre ellos, el escudo se tendría que haber abollado”, dices tú, y te contesta, “joder qué friki eres!”, entonces sólo te queda comenzar un blog y presentarte:

Hola, me llamo Merche y soy friki